
Entonces, sí, es cierto: cuando no tienes costumbre, aprieta un poco. Pero recuerda tu primer piercing, el dolor inicial, y la paciencia necesaria para la cicatrización. E incluso con un poste, puede pasar que el cierre se caiga y pierdas tu pendiente. Entonces, ¿por qué esta reticencia hacia los clips? Y sobre todo, ¿por qué preferirlos?
Si te gustan los pendientes pequeños, finos y discretos, no hay duda. Pero para piezas más grandes, más atrevidas, ¡sabe que tus lóbulos te lo agradecerán! Los pendientes pesados estiran poco a poco el agujero de tu lóbulo y terminan por caer. El clip, en cambio, sostiene sin dañar, un aliado para preservar la belleza de tus orejas.
Al final, elegir el clip es elegir comodidad y durabilidad. Verás que, una vez domado, se convierte en una opción tan elegante como cómoda.
¿Y si te animas a dar el paso?

